Últimamente se ha colado en la agenda pública el debate sobre la masificación en los lugares turísticos y el impacto del turismo en lugares concretos y población local. El hecho de viajar no implica que esté asociado a una connotación negativa. Aunque viajar de manera ética no significa hacerlo perfecto, te damos algunos consejos para que tu impacto sea menos y tu experiencia sea más gratificante. Viajar de manera ética significa hacerse preguntas antes, durante y después del viaje: qué ideas y prejuicios dejamos en nuestra casa, qué imagen queremos dejar allí, a quién escuchamos y qué tipo de relación construimos con las personas que encontramos.
Viajar enriquece, eso es un hecho. Pero no cualquier tipo de viaje sirve. La Perduda entiende el viaje como una oportunidad para aprender, no como una colección de postales o el consumo de un producto. Eso implica ir más despacio, pedir permiso, mirar con atención y no convertir cada experiencia en contenido inmediato ni los espacios que visitamos en nuestros propios parques temáticos. Hay una regla muy sencilla que te permitirá visitar con respeto: cada lugar que visitas para ti es un espacio turístico pero ahí vive gente que va al mercado a comprar, lleva a los niños y niñas a la escuela, se mueven en transporte público para ir a trabajar, salen a cenar con la familia, pasan los domingos en los parques como día libre... Son espacios habitados donde la gente vive y hace su día a día. Está bien que quieras conocer la rutina de la gente local, eso te ayudará a entender muchísimo más el país, pero siempre sin estorbar y, por encima de todo, sin exotizar. La Perduda no existiría sin esas ansias insaciables de conocer el mundo y entender a su gente. Por eso, sabemos demasiado bien el impacto positivo que genera viajar de manera ética. Te damos algunos consejos sencillos y rápidos para que descubras la riqueza del mundo desde el respeto y la responsabilidad.
Observa, pregunta, escucha y no juzgues.
No solo vayas a los lugares a fotografiar, también consume productos y servicios locales, por ejemplo comprando en mercados u hospedándote en hoteles de familias oriundas. Conoce su gastronomía, música, bailes y fiestas tradicionales y vívelas tú también. Párate a hablar con la gente, a conversar, compartir y escuchar para poder entender mejor lo que estás viendo. Respeta la naturaleza y los animales, intenta generar el mínimo impacto en los lugares naturales que visites y buscar alternativas sostenibles para tus rutas de senderismo. Y, por encima de todo: observa, pregunta, escucha y no juzgues. No es una falta de respeto preguntar, la falta de respeto es asumir ciertas cosas desde nuestra perspectiva y cultura. Los choques culturales pueden ser incómodos, pero siempre nos hacen replantearnos conceptos que teníamos muy asentados. Cuanto más viajas y conoces más entiendes que la etiqueta de "normal" es solo eso, una etiqueta; la normalidad viene marcada por el contexto cultural en el que creces.
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